Archivos Mensuales: mayo 2013

VIAJE A ALPES – Parte II

Segunda parte del viaje a Alpes. El que no haya leído la primera, que se pase por aquí.

Día 6: Chur (descanso).

Chur (en alemán) o Coira (en italiano) es una ciudad de unos 35.000 habitantes, considerada como la más antigua de Suiza. Se encuentra en el valle del Rin, y es el punto de encuentro entre las culturas latina y germánica. En este viaje aprendí algo de Suiza que me llamó la atención, y es que tienen 4 lenguas oficiales: alemán (la más hablada), francés (hablada por el 20%), italiano (6%) y romanche (0,5%). Y yo que siempre había pensado que en toda Suiza se hablaba alemán…

Pese a no tener muchos habitantes es una ciudad amplia al estar formada en su mayor parte por casas bajas con jardín, algunas avenidas largas, una gran estación de tren (principalmente de mercancías), y bastante industria, pero la zona bonita es la Ciudad Vieja, con sus calles estrechas y sus edificios antiguos pero muy bien conservados. Me gustó mucho y merece le pena una visita.

Pasamos el día recorriendo sus calles, descansando tranquilamente en alguna terraza y curioseando algunas tiendas como por ejemplo una de navajas suizas que tenían todo tipo de utilidades, desde las más básicas hasta algunas con USB y cargadores solares para móvil. Todo a precio suizo, eso sí.

2011-08-12_18-42-46 Panorama_web

2011-08-12_13-07-10 Panorama_web

2011-08-12_14-03-50_web

2011-08-12_14-12-51_web

2011-08-12_14-28-21_web

2011-08-12_18-09-42_web

2011-08-12_15-00-13_web

2011-08-12_14-57-52_web

2011-08-12_18-27-34 Panorama_web

Por cierto, un detalle: por la ciudad la gente se movía bastante en bici, y cuando se paraban y entraban a una tienda o una cafetería la dejaban fuera, apoyada sobre su pata de cabra, y ya. Ni candados ni nada. E incluso con la compra en la cesta. Los suizos son unos aburridos, sí, pero tienen cosas de las que ya podríamos aprender otros países…

Día 7: Chur – Livigno (Italia), 236 km.

Descansado el cuerpo el día anterior, volvíamos a la moto, que en el fondo es para lo que estábamos allí. Y además tocaba (entre otros) un paso al que le tenía muchas ganas, el Stelvio.

El primer destino del día era el Flüelapass (2.389 m.). La carretera salía de Chur  recorriendo el valle del Rin, pero pronto buscaba un valle más estrecho camino del Flüela. La carretera era amplia y sin muchas curvas, pero nosotros cogimos un desvío que nos iba a hacer atravesar una pequeña cordillera. El problema es que la carretera que había ojeado yo en el GPS cada vez era más estrecha, más empinada, y menos asfaltada… hasta el punto que tuvimos que dar media vuelta. Quizá una trail habría podido seguir, pero aún y todo no tenía muy claro de que fuese a llegar donde yo quería, así que volvimos a la carretera anterior y seguimos tranquilamente disfrutando del paisaje.

Tras pasar por un pequeño lago, el Davosersee, que se encuentra justo antes de llegar a Davos (que a alguno le sonará por ser la sede del Foro Económico Mundial), empezaba la subida al Flüelapass. Una subida en la que encontramos bastante tráfico pero principalmente eran motos, y como la carretera era buena y de curvas rápidas en general, y el ritmo era alegre, en nada nos plantamos arriba.

2011-08-13_11-03-03_web

2011-08-13_11-09-28_web

2011-08-13_11-16-00 Panorama_web

En este caso en el alto había (como en casi todos) un pequeño lago, pero no había vistas hacia ningún valle, así que fue parar, comprar la respectiva pegatina, y tirar para abajo. La bajada era también rápida, aunque salpicada de vez en cuando por las típicas curvas de 180º a las que ya me estaba haciendo a base de pasar y pasar por ellas. Viajar en moto por Alpes es como hacerse un máster de curvas.

2011-08-13_11-31-56_web

2011-08-13_11-37-46_web

La carretera iba bajando hasta encontrarse con un río que compartía ruta con la carretera y que iba apareciendo y desapareciendo a nuestro lado. Y casi sin darnos cuenta, ya estábamos otra vez subiendo. Esta vez la carretera era más revirada que la del paso anterior, más lenta pero más divertida. Además casi no había tráfico así que llegamos pronto al siguiente destino del día, el Ofenpass o Passo del Fuorn (2.149 m.). Estábamos ya acostumbrándonos a subir pasos, y pese a eso todos seguían siendo especiales. Cada uno tenía algo que lo diferenciaba del resto. Unos eran más cerrados, otros más abiertos, unos de piedra, otros rodeados de prados, otros con bosques, otros con pueblos… un espectáculo para la vista en todo caso.

2011-08-13_11-43-34_web

2011-08-13_12-05-52_web

De todas formas, tengo que reconocer que tanfo el Flüela como el Ofen no son dos de los puertos que más recuerde del viaje, aunque puede que la culpa sea de mi cabeza, que estaba desde que salímos del hotel pensando en el último puerto del día. De hecho después de bajar el Ofen, pasando por Prato Allo Stelvio recuerdo que la imagen de la siguiente foto me hizo sonreír sabiendo que en esos montes nevados que se veían al fondo se encontraba uno de los objetivos principales de este viaje.

2011-08-13_13-01-05_web

Ese objetivo no era otro que el asombroso y mítico Passo Stelvio (2.760 m.). Uno de los puertos de montaña más elevados de los Alpes, sólo superado por el Col de L’Iserán, del que también hablaré más adelante. Los aficionados al ciclismo lo conocerán porque el Giro suele pasar por él, y de hecho entre muchos ciclistas es conocida como “la cima Coppi”, dado que fue Fausto Coppi el primero en coronarla en un Giro.

Para los motoristas es más conocido por sus 24 kilómetros de subida y sus 48 curvas con un desnivel medio de un 7.5%. Creo que hasta este puerto no había llegado a meter primera en la moto para subir un puerto nunca. Pues aquí lo tuve que hacer, y varias veces. Las curvas son impresionantes, no sólo por sus 180º sino porque antes de entrar en ellas te parecen verdaderos escalones. Para mí cualquier ciclista que suba este puerto debería recibir al instante el título de superhéroe.

2011-08-13_13-17-52_web

2011-08-13_13-18-27_web

2011-08-13_13-18-36_web

Recuerdo que llegar a la cima me provocó una sensación mezcla de triunfo pero también de disgusto. Quería más. Esos 24 km. me habían sabido a poco, y eso que el ritmo de subida es tan tranquilo que te cuesta lo suyo llegar arriba. No es un puerto de “Rs”, es un puerto para disfrutar cada curva. Y reconozco que lo hice.

En la cima había bastante vida. Estaba repleto de motos, de ciclistas, de puestos vendiendo camisetas, pines, gorras, pegatinas… todo un completo merchandising del Stelvio. También hay varios sitios para comer algo, aunque tengo que recomendar sin duda alguna el puesto de salchichas de diferentes tipos que tiene un señor vestido de tirolés en la misma carretera. Recuerdo haber saboreado esa especie de perrito sentado en un murete, mirando al infinito, gozando como un tonto del paisaje. De hecho allí entendí lo que tiene que suponer para un alpinista subir una cumbre, teniendo en cuenta que el paisaje que yo estaba observando es una parte ínfima de lo que verán ellos, aparte de no haber hecho ningún esfuerzo físico más allá de llevar la moto por su camino. Impresionante.

2011-08-13_13-28-24web

2011-08-13_15-12-19_web

2011-08-13_13-23-25web-2

2011-08-13_14-22-04 Panorama_web

2011-08-13_14-15-35_web

Creo que las fotos hablan por sí solas. Entre las cerradas curvas que se ven subiendo por la ladera y el paisaje que se disfruta desde arriba, puedo decir que sin duda es el puerto de montaña que más recuerdo de todos los que he subido. Y por suerte este año repito!!

Después de comer estuvimos dando una vuelta por allí (pudimos tocar nieve en pleno agosto), y subimos andando al refugio que hay en la zona más alta (el Tibet), donde tomamos un café sentados junto a una ventana que daba al inmenso valle que quedaba a nuestros pies.

Con pocas ganas de abandonar aquel lugar subimos a la moto y empezamos la bajada, que tampoco estaba nada mal. Motos y más motos en caravana (pero a buen ritmo), curvas cerradas enlazadas con otras más amplias, cascadas de agua por los laterales, y hasta estrechos túneles donde los coches podían llegar a encajarse si se encontraban con otro, como pasó delante nuestro.

2011-08-13_15-30-23_web

2011-08-13_15-32-39_web

2011-08-13_15-20-03_web

2011-08-13_15-33-00_web

2011-08-13_15-40-40_web

Al poco de empezar la bajada uno puede desviarse hacia la derecha e ir al Umbrailpass (2.501 m.) pero eso nos llevaría al punto de partida (cosa que no me habría importado en exceso, la verdad) así que nosotros sólo coronamos la cima y volvimos a la carretera que seguía bajando hacia Bormio para tomar justo antes de llegar un desvío dirección a otros dos pequeños puerto llamados Passo Foscagno (2.291 m.) y Passo Eira (2.208 m.) que nos llevaban directamente al destino final del día, Livigno.

Un vez en Livigno descargamos todo en el hotel (Hotel Prímula, 100€/noche) y fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Es un sitio curioso porque pertenece a Italia pero es zona franca, lo que significa que no está sujeto a ciertos impuestos estatales. Es un pueblo pequeño, lleno de casas de piedra y madera, y con muchas flores por todas partes. Por todo el pueblo hay empresas que organizan rutas a pie y en bici por la zona, aunque se nota que su momento fuerte es el invierno, ya que desde el mismo pueblo salen algunos telesillas para subir a las laderas que lo rodean. Además también hay un montón de tiendas de electrónica, joyerías, estancos y tiendas de bebidas. Vamos, una pequeña Andorra. Para que os hagáis una idea, por aquel entonces nosotros andábamos pagando el litro de gasolina a 1,40€, y allí estaba a 0.99€. Eso sí, sólo puedes llevar el que quepa en tu depósito, nada de llenar garrafas.

2011-08-13_18-49-06_web

2011-08-13_18-57-17_web

2011-08-13_19-43-31web

Día 8: Livigno – Verbania (Italia), 260 km.

Abandonamos Livigno a primera hora de la mañana. No he comentado nada pero dado que los horarios por toda la zona de Alpes son más europeos que los nuestros, siempre madrugábamos a eso de las 7-8 de la mañana para estar en ruta nunca más tarde de las 9. Teniendo en cuenta que por allí comen a las 12 y cenan a las 7 de la tarde, o te adaptas o no consigues encontrar sitios para comer, aunque también es cierto que muchas veces recurrimos a ensaladas o sandwiches que nosotros mismos llevamos encima y te permiten comer donde y cuando sea.

Como Livigno está metido en medio de un pequeño valle encerrado por montañas, nada más salir del hotel nos encontramos ya con las queridas curvas. En unos 15 km. estábamos pasando por el primer puerto: Forcola de Livigno (2.315 m.) y  10 km. después el Passo del Bernina (2.330 m.). Una zona bonita, no excesivamente escarpada, con carreteras llenas de galerías, de curvas suaves y también alguna más pronunciada (sobre todo entre las cimas de ambos pasos).

2011-08-14_09-12-29_web

Una vez bajamos el Bernina nos encontramos frente al Lago Bianco y las vías del famoso Glacier Express, un tren de altura que recorre los Alpes desde Chur hasta St. Moritz, apareciendo y desapareciendo de la vista al acercarse o alejarse de la carretera. Además atraviesa numerosos túneles y cuando piensas que ha desaparecido, te sorprende de nuevo su intenso color rojo resurgiendo por alguna ladera…

2011-08-14_09-31-47_web

2011-08-14_09-32-15web

2011-08-14_09-53-50_web

El siguiente paso del día era el Julierpass (2.284 m.), cuya subida no nos sorprendió por nada en especial, pero que sí lo hizo en su bajada tanto por la carretera (que alterna zonas abiertas y otras muy cerradas) como por el paisaje, salpicado por riachuelos que jugueteaban con la propia carretera y formaban en su camino lagos de diferentes tamaños.

2011-08-14_10-15-27_web

2011-08-14_10-33-46_web

Y así a lo tonto volvíamos a estar a escasos 10 km. de Chur, la ciudad donde habíamos estado dos días antes, pero es lo que tiene un viaje en moto por los Alpes, que te pasas el día dando vueltas y viendo carteles que indican distancias a lugares conocidos por los que ya has pasado alguna vez. El caso es que nuestro destino estaba en dirección opuesta a Chur, así que en Thusis cogimos el desvío hacia el último gran puerto del día, el Passo de San Bernardino (2.066 m.).

Mucho ojo porque en Thusis se puede elegir la carretera vieja, que sube hasta el San Bernardino, o la nueva que lo atraviesa por debajo a través de más de 6 km. de túnel. Nosotros evidentemente íbamos por la vieja, buscando curvas. Y las encontramos. Muchas. A lo largo de estos posts sobre el viaje a Alpes ya he comentado que hay puertos que recuerdas mejor que otros. El Stelvio, el San Gottardo… y el San Bernardino, pese a no ser especialmente alto, es otro de esos.

Entre Jannagada, que es donde empieza a subir la carretera hasta Mesocco, donde termina de bajar, hay 30 km. repletos de curvas. Por suerte las más cerradas están agrupadas por partes y se puede descansar brazos de vez en cuando, porque las zonas reviradas son bastante reviradas. Además algunas son curvas cerradas pero amplias, por lo que el ritmo puede ser bastante alegre (lo que puede significar ir a 60-80 km/h. tampoco mucho más). En la cima hay un viejo edificio que ahora es restaurante y creo que también hotel que recuerda mucho a las películas de nazis ambientadas en zonas de montaña, y que por dentro debía ser bastante curioso según me comentó mi mujer, que fue la que entró a por la correspondiente pegatina. Y enfrente del edificio, un pequeño lago, como en casi todos los altos.

Este puerto era impresionante en la subida y también en la bajada. De hecho no sabría con qué ladera quedarme.

2011-08-14_12-14-59 Panorama_web

2011-08-14_12-07-36_web

2011-08-14_12-31-06_web

2011-08-14_12-30-00_web

2011-08-14_12-46-09_web

Tras terminar de bajar atravesamos Bellinzona, una pequeña población de unos 15.000 habitantes en la que destacan sus 3 castillos, patrimonio de la humanidad. Nosotros vimos alguno desde lejos porque ya no teníamos intención de parar hasta el hotel, así que seguimos ruta empezando a bordear el Lago Maggiore, el cual se encuentra dividido entre Suiza e Italia y está a unos 60 km. al norte de Milan. Cuando busqué hotel por esa zona recuerdo que unos cuantos kilómetros a un lado o al otro de la frontera significaba doblar o triplicar el precio de la habitación, así que nuestro destino se encontraba en la zona italiana, en Verbania.

Hay que decir que el lago es precioso, pero la carretera no tanto. Desde que empieza el lago hasta Verbania había unos 40-50 km. que nos costaría hacer más de una hora. La zona es muy turística, de veraneo, y está repleta de casas por todas partes pese a que casi no hay sitio entre el lago y las laderas. Es la típica zona en la que no sabes muy bien donde termina un pueblo y empieza el siguiente porque entre uno y otro hay casas continuamente, y claro, eso en agosto significa atascos. Y en este caso al ser una carretera tan estrecha y casi sin arcén ni siquiera la moto nos ayudó a evitarlos. Además había unos 34 grados, y los trajes empezaban a pegarse al cuerpo, así que al final paramos a comer algo a medio camino (calculo que sería en Cannero Riviera) y ya con el estómago lleno y bien cargados de paciencia seguimos hasta llegar al hotel (Hotel Villa Lidia, 160€ dos noches). Una vez allí descargamos la moto, nos pegamos una duchita para refrescarnos y nos acercamos a la orilla del lago para dar una vuelta, tomar algo y cenar.

2011-08-15_13-01-14 Panorama_web

La sorpresa fue que era algún tipo de festividad local y había bastante ambiente: barracas, puestos de artesanía, un escenario… y mucha gente en la orilla del lago sentada esperando. Por megafonía anunciaron algo que no entendimos muy bien, pero sí pillamos la hora a la que empezaba eso que atraía a tanta gente, así que tomamos algo y esperamos a que empezase lo que finalmente resultó ser una especie de regata, pero con toque local.

Por lo que conseguimos entender en italiano, había varias tandas en las que participaban unas barcas bastante artesanales, las cuales pertenecían cada una a diferentes barrios, pueblos o zonas del lago. Salían de la orilla, remaban hasta una boya, daban la vuelta, y cuando estaban llegando, uno de los remeros se tiraba al agua, nadaba hasta un palo que había en la orilla con una cuerda colgando, la escalaba y tocaba una campana. Y ya. Muy sencillo, pero con un público muy entregado. Tanto que nosotros acabamos como si fuésemos de Verbania de toda la vida, animando a los locales, que evidentemente eran los que más apoyo tenían.

2011-08-14_19-56-04_web

2011-08-14_20-16-29web

2011-08-14_20-41-18_web

Terminadas las tandas cenamos probablemente las peores pizzas que se pueden comer en todo Italia (de esas prefabricadas congeladas, fallo enorme al elegir restaurante), vimos la tanda final ya echada la noche con las barcas iluminadas con un montón de bombillitas y nos fuimos al hotel, que el día había sido largo y era ya tarde. Se notaba que estábamos en un país latino, porque eran más de las 12 de la noche… y no me imagino yo a los suizos a esas horas viendo unas regatas.

Día 9: Verbania (descanso).

Vaya noche. Tan inolvidable como alguno de los grandes pasos de montaña del viaje. La tormenta más bestia que he visto en mi vida, mezcla de tormenta eléctrica con aguaceros y truenos de esos que hacen retumbar cimientos. Y todo esto en un hotel antiguo, una casona de altos techos y grandes ventanas que se movían con cada trueno y que aportaban a la tormenta un plus siniestro (nada que ver la estampa nocturna con la diurna de la foto).

2011-08-16_09-10-03_web

Pero mi preocupación estaba fuera de la casa, tenía dos ruedas y estaba aparcada en la trasera, en un jardín arenoso, sólo con la pata de cabra (casualidad, yo que siempre pongo el caballete), y rodeada de otras 4 o 5 motos más. Y yo no tenía huevos de salir porque simplemente rodear la casa iba a suponer ponerme como una sopa, pero no dejaba de pensar que la pata de alguna se iba a hundir poco a poco en el suelo con la ayuda del agua y todas iban a hacer el dominó acabando en el suelo. Y así me pase varias horas, sin estar despierto al 100% (ni al 80 probablemente) pero tampoco sin poder dormirme del todo. Por suerte, el suelo aguantó bien, aunque al día siguiente la pata estaba bien hundida. Y ya, ya sé que debería haber metido alguna tablilla o algo debajo, pero ni por asomo esperaba yo que lloviese, y menos de aquella manera.

El día no tenía ruta planificada, y aunque habíamos pensado que igual rodear el lago en moto podría ser buena idea o incluso acercarnos a Milan, los atascos del día anterior hicieron que desecháramos la idea y dedicásemos el día a conocer el pueblo.

Verbania es un pueblo de unos 30.000 habitantes, bastante amplio y con zonas de casas actuales y feos apartamentos, pero también tiene dos zonas atractivas, una en cada punta del pueblo, pero muy similares entre sí. Callejuelas estrechas, con casas antiguas pintadas de vivos colores, varias iglesias sencillas por fuera pero que al entrar sorprenden… vamos, de esos sitios que invitan a perderse por sus calles. Y eso hicimos durante todo el día, aparte de sentarnos a descansar observando el lago rodeado de montañas, que es una vista que merece mucho la pena.

2011-08-15_14-58-48_web

2011-08-15_15-01-18_web

2011-08-15_15-26-39_web

2011-08-15_17-10-38 Panorama_web

Por la noche buscamos alguna pizzería buena (las pizzas del día anterior me habían dejado una espinita clavada) y gracias a google encontramos una por la zona muy recomendable.: “Pizzería Locanda del Lupo” . Nos cenamos dos pizzas como dos soles y muy baratas (no recuerdo el precio, pero andaban por los 5€ cada una).

2011-08-15_20-45-10_web

Después de cenar, directos al hotel, que al día siguiente tocaba de nuevo moto con más Alpes por delante…

Continuará…

VIAJE A ALPES – Parte I

En la entrada anterior hablaba, entre otras cosas, sobre cómo me organizo yo mis viajes, y como dije suelo usar bastante internet, leyendo en foros o blogs a gente que haya hecho rutas similares o por la zona a la que voy a ir yo para ver qué camino seguir, qué ver, que evitar… así que empiezo yo con la primera parte de nuestro viaje a Alpes en agosto de 2011. A ver si a alguien le sirve de algo.

Por cierto, quiero comentar que tras mucho buscar, en su día seguí principalmente una ruta que encontré en un foro que ahora no recuerdo, pero sí recuerdo el nick del forero que la puso: Stelvio. Un gran nick, por cierto. Vaya desde aquí mi agradecimiento por sus recomendaciones.

Día 1: Vitoria-Gasteiz – Carcassonne (Francia), 541 km.

Siete de agosto, inmersos en plenas fiestas de Vitoria (que van del 4 al 9) salimos de casa rumbo a Alpes. Con el cuerpo cansado antes de salir por los excesos de 3 días seguidos de jarana, pero con ganas de moto, como siempre. Más de 500 km. de autopista por delante, con lo que me aburre. Poco que decir del primer día: paradas cada poco tiempo para descansar y refrescarnos (hacía bastante calor, el habitual en esas fechas por el sur de Francia) y sólo tuvimos una pequeña tormentilla con 4 gotas nada más abandonar España.

Salida

Una vez llegados a Carcassonne dejamos todo en el hotel que estaba a las afueras (Etap Carcassonne La Cité, 58€/noche), nos pusimos algo más cómodo y fuimos a visitar el centro amurallado. Elegí el lugar porque pillaba bien en la ruta, pero fue todo un acierto. Es un lugar precioso, casi de cuento. Simplemente atravesar sus murallas y pasear por sus calles te lleva a plena edad media. Pena que el castillo ya no estaba abierto, porque por dentro tiene que ser impresionante.

2011-08-07_19-08-09 Panorama_web

2011-08-07_19-15-14 Panorama_web

2011-08-07_21-18-02_web

2011-08-07_21-22-12_web

Un tranquilo paseo por sus callejuelas, cenita en una terraza, y al hotel a descansar, que parte de mi cuerpo seguía en Vitoria y no se había enterado de que estábamos ya a cientos de km. de casa.

Día 2: Carcassonne – Chambéry (Francia), 472 km.

De nuevo tocaba autopista para ir acercándonos poco a poco a Alpes, y el calor apretaba un poco más que el día anterior. Según nos íbamos aproximando al destino empezaron a aparecer en el horizonte montes de tamaño importante que nos daban la bienvenida y nos preparaban para lo que íbamos a ver de ahí en adelante. Recuerdo haber parado a sacar alguna foto impresionado por algunas sierras, ignorando las dimensiones de lo que veríamos los siguientes días.

2011-08-08_17-00-30 Panorama_web

Tras llegar a Chambéry y dejar todo en el hotel (Etap Centre Ville, 100€ dos noches) nos acercamos con la propia moto al centro. Recuerdo que la primera impresión fue bastante lamentable. No acabábamos de encontrar la zona “viva” de la ciudad, y no había casi nadie por la calle. Empecé a arrepentirme de haber cogido dos noches allí.

2011-08-08_20-39-10_web

Una vez aparcada la moto por el centro recorrimos las calles peatonales repitiéndose la impresión de soledad. De hecho incluso nos costó encontrar un sitio donde cenar, aunque por suerte acabamos en un restaurante (La Granje) que tenía “especialidades saboyardas” y donde cenamos la mejor fondue que he probado en mi vida. Muy recomendable.

Día 3: Chambéry (descanso).

Al día siguiente no había ruta, así que tocaba visitar la ciudad. Volvimos al centro con esperanza de que hubiese más gente… y efectivamente, la ciudad parecía un lugar diferente. Con todos los comercios abiertos, las terrazas de bares y restaurantes llenando las calles y gente por todas partes Chambéry parecía otro. Callejuelas estrechas, antiguas, de piedra, alternadas con anchas avenidas. Edificios más o menos actuales junto a otros mucho más antiguos con enormes contraventanas pintadas de diferentes colores. Una curiosa mezcla de épocas que en conjunto crean una ciudad atractiva y que invita a pasear. A destacar la catedral, que si bien no es nada espectacular, los trampantojos que adornan su interior hacen dudar a cualquiera si en sus paredes y techos hay relieve o es sólo pintura.

Eso sí, según avanzaba la tarde descubrimos por qué el día anterior estaba todo desierto: la gente desaparece casi de repente a eso de las 7 u 8, como si hubiese un toque de queda general del que nosotros no estábamos avisados. Curioso siendo agosto y habiendo tanta vida durante el día, pero así de sosos son por esas zonas.

2011-08-09_15-42-55_web

2011-08-09_14-44-00_web

2011-08-09_14-42-48_web

2011-08-09_15-39-38_web

2011-08-09_13-32-55_web

Cenamos unas pizzas prácticamente solos en una terraza, y al hotel, que al día siguiente empezaban de verdad los Alpes.

Día 4: Chambéry – All’Acqua (Airolo, Suiza), 305 km.

Y por fin llegó EL DÍA. ¿Y qué día es ese? Pues el día en el que un motero sube su primer puerto de los Alpes. No sé para los demás, pero para mí fue especial. Pero mejor vamos por partes…

Como iba a ser habitual durante todo el viaje, el buen tiempo nos acompañó desde primera hora. Cielo despejado y ambiente totalmente limpio que permitía que disfrutásemos del paisaje prácticamente hasta donde alcanzaba nuestra vista. La carretera recorría un valle que serpenteaba entre montañas de diferentes tamaños, y sólo subimos y bajamos ligeramente llegando a Saint-Germain-les-Bains, a pocos km. de Chamonix. Y ahí fue cuando apareció, majestuoso, el Mont Blanc. Nevado en pleno agosto, con su característica punta blanca, alzándose frente a nosotros como un gigante. Creo que aquí es donde empezamos realmente a ser conscientes de lo que significaban “los Alpes”. La carretera seguía por la parte inferior del valle, bordeando el centro urbano de Chamonix, pero todas las laderas estaban repletas de remontes, telesillas y telecabinas, dejando ver que la estampa que nosotros estábamos viendo era muy diferente a la que tiene que haber en invierno. Y eso que pese a ser verano el monte mantiene varios glaciares perfectamente visibles.

2011-08-10_11-13-40_web

2011-08-10_12-04-02_web

Tras parar varias veces para observar el espectáculo seguimos y poco a poco la carretera empezó a subir, a hacerse más estrecha y más retorcida. Y casi sin darnos cuenta entramos en Suiza, coronando el primer gran “Col” del viaje. El Col de La Forclaz (1.527 m.). Poca cosa, pero como he comentado antes fue el primer puerto de Alpes que subí, y… eso se te queda grabado. Bueno, eso y la hostia que nos dieron en la cafetería que hay en la cima por dos cafés con leche. Uno de los cafés que más agusto me he tomado en mi vida, eso sí, pero a precio de oro.

2011-08-10_12-43-40_web

2011-08-10_13-31-08_web

2011-08-10_13-41-48_web

2011-08-10_13-54-15_web

Tras bajar de La Forclaz por una entretenida carretera con curvas más cerradas que las de la subida se llega a Martigny, donde empieza un amplio y largo valle que llega hasta Brig-Glis. De punta a punta del valle habrá unos 80 km. de largas rectas que atraviesan localidades con bastante industria y campos y campos de frutas a ambos lados, así como muchos viñedos. Paisaje bastante aburrido en general.

2011-08-10_14-06-01_web

2011-08-10_15-15-48_web

A partir de Brig la carretera vuelve a estrecharse y hacerse más divertida, y el paisaje cambia. Empiezan a aparecer los típicos pueblos alpinos suizos, mucho más atractivos que los industriales del valle, y la carretera nos iba acercando poco a poco a una interesante zona. A partir de aquí se pueden elegir múltiples caminos dado que depende la carretera que se elija se tiene acceso a importantes puertos de montaña. Nufenen, Grimsel, Furka…

2011-08-10_16-22-24 Panorama_web

2011-08-10_16-05-33_web

Nuestra ruta iba camino del Nufenenpass (2.478 m.), o como se conoce en italiano: “Passo della Novena”, dado que en esta parte de Suiza se habla ese idioma. La subida al Nufenen siguiendo este sentido es brutal. Se empieza con curvas más bien abiertas, perfectamente enlazadas unas con otras, pero según se va subiendo aparecen curvas y más curvas de 180º. Una auténtica gozada para la moto, que se siente en su terreno. Dentro del casco nosotros sonreíamos, casi sin hablar, simplemente observando lo que aparecía frente a nosotros.

2011-08-10_16-47-34_web

2011-08-10_16-58-34_web

Así como La Forclaz fue nuestro primer puerto alpino, el Nufenen fue nuestro primer GRAN puerto. Curva tras curva se llega nada más y nada menos que a los 2.478 m. de altitud. Una auténtica barbaridad teniendo en cuenta que habíamos partido de un valle que se encuentra sólo a unos 500 m. de altitud. Nos impresionó tanto que compramos una pegatina del puerto. Lo que no sabíamos aún es que íbamos a acabar el viaje con una buena colección de ellas…

2011-08-10_17-09-38_web

2011-08-10_17-26-42_web

2011-08-10_17-07-00_NufenenPass_web

Tras observar un rato el paisaje y el lago que hay en la misma cima, bajamos hasta nuestro destino, un hotel-restaurante en medio de la nada a unos 4 o 5 km. (Ristorante All’Acqua, 110€/noche). Viendo el precio que pagamos por una noche en un hotel más bien normalito (limpio, eso sí, pero muy muy sencillo), ya se notaba que estábamos en Suiza. El propio hotel tiene restaurante, pero como estaba repleto de soldados (unos chavalillos probablemente haciendo la mili suiza, que allí sigue existiendo y es obligatorio para todo joven a partir de los 19 años) nos acercamos al pueblo de al lado, donde tampoco había mucha cosa. Cenamos en el único restaurante que encontramos, y vuelta al hotel a descansar. Aunque para estas alturas el cansancio había desaparecido por completo.

2011-08-10_17-34-25_web

2011-08-11_09-14-33_web

Dos notas:

Si alguien hace una ruta similar, le recomiendo que busque hotel en Airolo. Está a unos 5-6 km. por delante y es un pueblo con más alojamientos y restaurantes (aunque cuando yo busqué hotel lo más barato andaba por los 160€/noche, por eso fuimos al otro).

El otro detalle es referente a la moto: esa tarde, al ir a cenar y también a la vuelta, noté que la moto “no tiraba” en marchas altas. En 5ª y 6ª yo aceleraba y a partir de cierto punto la moto parecía que se ahogaba. En el hotel busqué algo de info por internet sobre el tema (estaba acojonado), y descubrí que al ser mi moto de carburación y estar a tanta altitud, la presión del aire es muy diferente y la moto no carbura bien. Como de motores no tengo ni idea fue mi primera noticia, y creo que es algo a tener en cuenta para evitar asustarnos. De hecho a lo largo del viaje lo noté un par de veces más, aunque no supuso ningún problema. En las motos de inyección se evita ese problema al estar controlada la entrada de aire electrónicamente.

Día 5: All’Acqua – Chur (Suiza), 248 km.

Después del subidón del día anterior por nuestra primera toma de contacto con puertos alpinos, la cosa no iba a menos, ya que llegaba uno de los días fuertes del viaje. La ruta empezaba haciendo una especie de 9 para pasar por varios puertos, todos por encima de los 2.000 m. de altitud.

El primer destino del día era el mítico San Gottardo (2.114 m.). Se empieza a subir desde Airolo, donde hay unos nudos de carreteras bastante curiosos y que pueden volver loco a cualquiera si no lleva GPS. Ojo con esta subida, porque el puerto se puede coronar por dos carreteras, la nueva y la vieja. La nueva es menos revirada y tiene varios túneles que atraviesan parte del monte. La que a mí me interesaba (y seguramente interesará a cualquiera que vaya en moto) era la carretera vieja. Simplemente espectacular, repleta de curvas de 180º, con unos desniveles importantes, y cuyo firme es de adoquín en la mayor parte de la subida. Es una subida para disfrutarla a ritmo tranquilo, aguantando el traqueteo curva tras curva. Los adoquines patinaban lo suyo bajo el sol, así que no me quiero ni imaginar cómo tiene que ser con lluvia. Además los únicos quitamiedos que hay son una especie de mojones de piedra en los bordes, por lo que subir es todo una experiencia…

2011-08-11_10-02-53_web

2011-08-11_10-05-34_web

2011-08-11_10-02-34_web

2011-08-11_10-15-22_web

La manía esa de poner pegatinas en los carteles del paso hace que en algunos casi ni se vea lo que pone, aunque tiene su gracia ponerte a buscar y encontrar algunas muy curiosas. Por cierto, que el quiosco con recuerdos que hay en la cima, junto al lago, lo llevaba un argentino la mar de majo que nos comentó que los días anteriores había hecho tan mal tiempo que no se veía más allá de 200 metros por culpa de la niebla y lo mucho que llovía. Tuvimos suerte.

Tras el San Gottardo y todavía con el cosquilleo de los adoquines en el cuerpo, seguimos ruta hacia el siguiente: el Sustenpass (2.262 m.). Una subida con curvas (como todas), pero éstas en general más abiertas y amplias, con algunas zonas cubiertas por una especie de túneles que están abiertos por un lado y por donde se suele ver caer agua. De hecho creo que su función es evitar que ésta caiga sobre la carretera. Sólo llegando casi arriba nos encontramos con unas curvas más cerradas, de las de 180º, y tras atravesar un túnel llegamos al paso, en el cual hay un amplio aparcamiento por lo general lleno de motos y justo enfrente un hotel-restaurante (Susntenpass Hospiz) que tiene una terraza ideal para parar a tomar algo y dejar de paso que te atraquen un poco (aunque merezca la pena, dicho sea de paso). Dos cafés y un par de pasteles a precio de lingote de oro. Estáis avisados.

2011-08-11_11-58-28 Panorama_web

2011-08-11_11-17-39 Panorama_web

La bajada del Sustenpass es de las más entretenidas que recuerdo. Varios túneles atravesando la roca unos detrás de otros, curvas amplias, curvas cerradas, y todo recorriendo una ladera con unas vistas preciosas del valle que hay debajo y las montañas que se elevan justo enfrente en las que todavía se podían ver lenguas de nieve por bastantes sitios.

2011-08-11_12-09-58_web

2011-08-11_12-11-35_web

Después de unos cuantos kilómetros de bajada y de recorrer otros tantos por la parte inferior del valle (que hasta los agradecí por poder descansar un poco brazos) llegamos al pueblo desde el cual empezaba la siguiente subida: Innertkirchen. En éste pueblo hay que buscar el desvío hacia el próximo paso, el Grimselpass (2.165 m.).

En la subida al Grimsel también nos encontramos con bastantes túneles de esos abiertos por un lado y por muchos de los cuales caía agua de forma más que importante. Impresionaba la imagen, porque en momentos daba la impresión de estar pasando por la parte de atrás de una cascada. Además en la subida uno también se encuentra con varios lagos artificiales con sus respectivas presas, todos elllos creados para generar electricidad mediante centrales hidroeléctricas. Lo que no sé es la razón por la que estos lagos tenían el agua de color blanco verdoso, aunque apostaría algo a que la piedra que forma el fondo de los lagos tiene la culpa.

2011-08-11_13-00-00 Panorama_web

En la cima del Grimsel paramos a comer unos sandwiches que llevábamos, disfrutando de las brutales vistas que hay a ambos lados del paso, los lagos (blancos por un lado, y de agua cristalina por otro), e incluso un refugio de marmotas. Por cierto, un detalle que me llamó mucho la atención durante todo el viaje: el aparcamiento estaba repleto de motos, y casi todo el mundo dejaba los cascos apoyados encima o sobre el retrovisor, las chupas en el asiento, las bolsas sobredepósito puestas… una auténtica gozada poder hacer eso sin tener que llevarte absolutamente todo por miedo a que te roben. Cosas de los “países civilizados” de Europa, entre los que sin duda NO nos encontramos.

2011-08-11_13-11-37_web

Justo antes de empezar la bajada del Grimsel nos paramos en una curva porque lo que se veía delante nuestro era impresionante: enfrente, inmediatamente después de bajar, empieza la subida al siguiente paso, el Furkapass (2.436 m.) y como están  uno enfrente del otro se puede observar toda la carretera, tanto la que baja de uno como la que sube al otro. El sueño de cualquier motero que disfrute con las curvas, sin duda. Por cierto, que en esta zona es el único sitio de todos los Alpes donde sentí que los “R” andaban demasiado sobrados. Por lo general casi todos los moteros llevaban un ritmo normal y respetaban bastante la señalización, pero aquí, entre la bajada de uno y la subida del otro, algunos iban como locos. Por suerte la carretera era más bien ancha y con ir bien arrimados a nuestra derecha podíamos ir a nuestro ritmo.

2011-08-11_13-55-04 Panorama_web

Al loro con esta foto, que es de la subida del Furka: ¿que no hay ladera para colocar la carretera? PUES NOS LA INVENTAMOS. Acojonantes las obras de ingeniería que hay por allí.

2011-08-11_13-56-10_web

Otra más del detalle de las curvas “aéreas”, ésta ya subiendo el propio puerto.

2011-08-11_14-10-16_web

Antes de coronar el Furka merece la pena pararse y volver la vista atrás para repetir la misma panorámica del valle, pero justo desde el otro lado.

2011-08-11_14-16-06_web

2011-08-11_14-17-38_web

2011-08-11_14-21-50_web

Tras bajar por la parte este del Furka, mucho más tranquila, con pocas curvas y un paisaje menos escarpado, aparecimos en un pequeño valle en el que nos encontramos con un par de pueblos por los que ya habíamos pasado antes, Hospental y Andermatt. De esta manera cerrábamos el círculo que habíamos empezado por la mañana para poder pasar por todos estos impresionantes puertos.

El destino final del día era Chur, pero aún faltaba un puerto más, el Oberalppass (2.046 m.). No sé si es que tenía menos kilómetros que los anteriores o que después del día que llevábamos ya me había acostumbrado a las curvas, pero se me hizo hasta corto. Casi sin darnos cuenta estábamos arriba, donde nos encontramos un enorme lago y… un faro. Sí, un faro que debe ser una réplica de algún famoso faro holandés, y que debe funcionar y todo. Lo que no sé muy bien es para qué se utilizará, porque barcos por allí… más bien pocos.

2011-08-11_14-58-52_web

2011-08-11_15-06-19_web

La bajada la hicimos con un grupo de unas 10-15 motos, y ya estábamos empezando a acostumbrarnos a sentirnos como en casa. Por cierto, aunque no se aprecie muy bien, el de la moto de delante llevaba una cresta roja en el casco. Como se suele decir… “hay gente pa tó”.

Una vez descendido el Oberalp nos quedaban unos 80 km. por un bonito valle. Amplio, salpicado de típicos pueblos suizos y con un río paralelo a la carretera que nos acompañó prácticamente hasta Chur. Una vez allí descargamos la moto, la guardamos en el hotel (Ibis Chur, 180€ dos noches) y tras cambiarnos fuimos a cenar al McDonalds que estaba en el propio edificio del hotel. Y cuando digo en el mismo edificio, quiero decir exactamente en el mismo. Hasta compartían cartel.

2011-08-12_19-07-12_web

Esa noche cenamos tranquilos y nos fuimos a dormir, que los puertacos del día nos habían dejado echos polvo. Aunque eso sí, con una sonrisa que no nos cabía en el casco.

Y de Chur ya hablaré en el siguiente post, que éste está quedando bastante largo.

Segunda parte del viaje, AQUÍ

VIAJAR EN MOTO

Viajar siempre es bueno. Por ocio, se entiende. Hay una frase que dice: “Viajar es la única inversión que verdaderamente enriquece tu alma” y desde que la leí la tengo grabada en la mente. Siempre he pensado que conocer otras gentes, otras culturas, abre la mente. Personalmente me encanta viajar, sea donde sea y de la forma que sea. Si fuese de esos afortunados a los que les sale el dinero por las orejas y no tienen otra cosa que hacer en la vida que gastárselo, seguramente no tendría una mansión. Lo más seguro es que me pasase el día visitando lugares nuevos.

Viajar en motoFormas de viajar hay muchas, y por suerte he probado unas cuantas: avión, tren, autobús, coche propio, coche de alquiler, furgoneta llena de colegas adolescentes en busca única y exclusivamente de fiesta… y estancias de lo más variado: campings, hoteles normales, buenos, mejores (de lujo nunca he probado), hoteles malos, hoteles MUY malos, hostales cutres, bed and breakfast de los que no sabes si vas a salir vivo… vamos, variado. Pero hay una forma que desde la primera vez que la probé (y no hace mucho, la verdad) me enganchó de una forma especial: viajar en moto.

Me suele costar explicar qué es exactamente lo que tiene de especial, pero sin duda lo es. Podría recurrir a los tópicos de “la libertad, el sentir el entorno…” pero es algo más. Algo que hace que incluso bajo el mayor aguacero tú vayas sonriendo dentro del casco. Puede que todo parta de la filosofía con la que se realiza un viaje en moto, y es que cuando uno usa el coche para viajar lo normal es usarlo “para llegar” mientras que la moto la disfrutas también “mientras vas”. Y precisamente por eso siempre se suele elegir otro tipo de carreteras, en su mayoría secundarias, entre pueblos, escapando del encierro que sufren los coches entre las vallas de las autopistas, lo que te hace conocer pueblos semiabandonados que sólo conocen sus escasos habitantes, embalses que aparecen de la nada, bosques llenos de vida…

Los preparativos

En mí caso si pudiese cogería la moto el primer día de vacaciones y simplemente marcharía sin rumbo fijo. Pero por desgracia siempre me toca viajar (por lo menos en cuanto a viajes largos se refiere) en agosto, y en esas fechas siempre corres el riesgo, dependiendo de la zona en la que estés, de no encontrar sitio para dormir, o si lo hay, que el precio sea desorbitado. Y como el bolsillo de uno no da para eso, siempre organizo mis viajes con las paradas fijas desde el primer día, y también con las ruta que voy a seguir de un sitio a otro metidas en el GPS. Una buena opción que muchos utilizan es llevar tienda de campaña, pero yo siempre viajo con “paquete” y eso hace que llevar tienda sea complicado por tema de espacio. Aparte que viajando en moto, que en el fondo cansa, soy de los que prefiere una cama cutre que el mejor saco del mundo. Por la noche necesito descansar, no dejarme la espalda sobre una esterilla.

Libros de viajesEste detalle implica que el viaje no empiece el día que sales, sino mucho antes. Hay que decidir destino, documentarse bien sobre él, lo cual requiere su tiempo (no es lo mismo ir 4 días a una gran ciudad que recorrer un país), decidir ruta, dividir esa ruta en etapas diarias, ver qué se puede ver en cada ruta, y buscar alojamiento donde quieres que termine cada etapa (en nuestro caso con que el sitio esté limpio nos vale por muy cutre que sea).
Vamos, que yo por lo menos entre revisar las webs de turismo de la zona donde vaya, alguna guía específica, otra guía motera donde ver las mejores carreteras, Google Maps, la Wikipedia y foros o blogs de viajes en moto… me puedo tirar un mes perfectamente para planificar todo. Pero es otro plus añadido: así el viaje dura más. Además es algo que me encanta. A lo mejor mi vocación era montar una agencia que organice viajes y me acabo de enterar.

El equipaje

Maleta vacíaAquí también hay una diferencia brutal con otro tipo de viajes, y es el espacio. Me imagino que los que hayan viajado alguna vez en bici sabrán a qué me refiero, porque ellos suelen andar igual o peor. En cualquier viaje lo que metes en las maletas sigue siempre la teoría de los gases, que se expanden ocupando todo el espacio. Da lo mismo que te vayas 2 días o 20. Llenarás la maleta que uses sea del tamaño que sea. Y al final muchas veces vuelves a casa con todos los “porsiacaso” sin usar. Pues viajando en moto hay que evitar todos esos “porsiacaso” e ir siempre a lo útil. En la moto el espacio es el que es. En nuestro caso, dos maletas de 35 litros cada una, un baúl que siempre intento que vaya vacío para meter los cascos cuando paramos, la bolsa sobre-depósito donde suelen ir los trajes de agua, la cámara, algo de comida, papeleo, guías y demás, y el pequeño espacio que hay bajo el asiento del pasajero, que aunque parezca un hueco insignificante me permite llevar el aceite de la cadena, el kit reparapinchazos, el kit de herramientas, el candado, unos trapos… vamos, que ya da de sí.

Dicho ésto estoy convencido de que más de uno (sobre todo más de una) estará pensando que jamás viajará en moto sólo por el tema equipaje. Yo que nunca he sido de llevar excesiva ropa de viaje me adapto sin problemas, y lo más sorprendente es que mi mujer también. De hecho ahora cuando vamos a algún lado en coche o avión y llevamos maleta, siempre quedan huecos porque nos sobra espacio. La costumbre.

EquipajeAl viajar dos, cada uno tiene su maleta y la gestiona a su gusto, y aunque pueda parecer poco espacio si se aprovecha bien da para mucho. Después de varios viajes ya le tienes pillado tanto el truco que parece que las maletas van creciendo. Incluso en el propio viaje con los días parece que tienes más espacio. En mi caso, haciendo recuento y para demostrar que bien aprovechado el espacio da bastante de sí, suelo llevar algo como esto: un par de zapatillas, un pantalón vaquero, pantalón corto, gallumbos (5 o 6 que suelo ir limpiando) y calcetines (igual que los gallumbos), camisetas (hasta 10-12), alguna sudadera, una toalla de esas de Decathlon de microfibra que ocupan poco, y dependiendo de las zonas a las que vayamos, camisetas y mallas térmicas. Ah, y el neceser, y todos los cargadores del móvil, la cámara, los intercomunicadores, el GPS…

Además solemos usar un enoooorme truco que leí en un foro de moteros, que no es otro que llevar toda la ropa dentro de bolsas de congelados, de esas que tienen zip y se cierran prácticamente al vacío. Suelen costar 2 duros en los chinos y hay de muchos tamaños. Maleta llenaCon eso consigues varias cosas: por un lado si doblas bien la ropa y la colocas adecuadamente dentro de las bolsas, no se te arruga y aguanta perfecta todo el viaje. Además si la presionas bien antes de cerrarlas se quedan sin aire, ahorrando mucho espacio. Por otro lado, puedes sacar y meter cosas fácilmente porque al ir todo en prácticos paquetes no se te desmorona nada, y encima es más fácil encontrar lo que buscas.  Y por último, si por lo que sea entra agua en las maletas (sólo me han entrado unas gotas una vez y fue porque el aguacero era brutal) la ropa sigue seca. Vamos, como decía, un inventazo.

Otro detalle es la obsesión que te entra por el espacio. Me he llegado a comprar unas zapatillas sólo por lo poco que ocupan, o recopilar botes y más botes de esos que ahora se usan para llevar geles de ducha en aviones, que tienen un tamaño perfecto para unos días y así te evitas llevar el bote grande que siempre ocupa un huevo.

El viaje

Una vez tienes todo preparado: rutas, hoteles, equipaje y moto a punto, empieza el viaje. Un viaje, repito, diferente porque por lo general no consiste en “llegar” a algún sitio, sino también simplemente en “ir”. Vamos, que el objetivo no es disfrutar del destino final, sino de todo el viaje. Y en la moto se disfruta y se siente, para bien y para mal. Que hace calor, pasas calor debajo de la ropa de cordura y el casco, que aquí no hay aire acondicionado. Que hace frío… pues o te metes buena ropa debajo o te hielas, que las bajas temperaturas se multiplican una barbaridad en moto. Que pasas por un prado recién segado, lo hueles. Que pasas por un vertedero, también. TODO se siente más, lo bueno y lo malo. Pero si te gusta, lo bueno lo disfrutas al 100% y lo malo… casi ni lo notas. Incluso cuando vas bajo un aguacero con tu traje de agua puesto que casi no te puedes ni mover, disfrutas del golpeteo de las gotas de lluvia en la pantalla del casco o las notas sobre tu cuerpo a través de todas las capas de tela.

Motero en la playaAparte de la carretera en sí, siempre se visitan lugares, y ahí también tienes cosas buenas y malas. La buena es que por lo general si vas a visitar algo, es que es un sitio popular y siempre hay gente, por lo que aparcar suele ser complicado… menos en moto, que siempre hay un hueco por cualquier sitio. La mala, que cuando te paras puedes estar visitando una playa… vestido completamente de cordura negra y bien forrado. El año pasado estuvimos por Normandía, visitando varias de las playas del desembarco, y a veces parecíamos extraterrestres ahí en medio con tanta ropa. Pero siempre te cruzas con algún motero más que va como tú, te miras el uno al otro, sonríes y te saludas.

Otra cosa buena de la moto en un viaje es la agilidad. No es lo mismo recorrer por ejemplo los Alpes, una zona generalmente con bastante tráfico, carreteras no muy anchas y con mucha curva y pocos sitios donde adelantar, y hacerlo en una moto o en un coche. Si vas en moto y pillas una autocaravana, a la mínima oportunidad de adelantar, gracias a la aceleración, te despìdes de ella en nada. En coche es probable que te pases kilómetros circulando detrás suyo a 40 km por hora. Además, y esto va a sonar a chino a muchos de los que estén leyendo, en gran parte de Europa las motos se respetan, y cuando te acercas a un coche que va lento, él mismo se arrima al arcén y te deja pasar. Incluso te da el intermitente para avisarte del mejor momento para hacerlo. Se podría decir que ellos piensan algo parecido a “tú que puedes, pasa”, mientras que en este nuestro querido país cuando una moto se acerca a un coche el que va enlatado piensa “por mis cojones que tú no pasas”. Cosas de mentalidad.

Alpes moteros

Y el caso es que eso te facilita la vida. Yo he estado metido en Francia en un atasco y he visto cómo se generaba, gracias a los conductores de coches, un carril extra para que las motos pasasen. Aquí haces eso, y alguno intenta meter el morro del coche fijo.

Y por último, la moto tiene otra gran utilidad en un viaje, y es que cuando llegas a tu destino es mucho más fácil dejarla donde sea. No sólo a la hora de usarla para visitar la ciudad o la zona en la que estés alojado, sino también a la hora de llegar al hotel. Da lo mismo que tengas el hotel en pleno centro de una ciudad, siempre hay algún sitio cerca para dejarla, e incluso algo que he notado es que la gente de hoteles (sobre todo hoteles pequeños y hostales) muchas veces te ofrecen “un hueco” en su garaje personal, o te dejan meter varias motos en un aparcamiento cerrado. Y encima por lo general gratis. Un chollo.

Viajes imprescindibles

Como ya he comentado al principio de este largo post, yo no llevo mucho tiempo viajando en moto (4 años) pero en este tiempo he podido recorrerme España de norte a sur y de este a oeste, dar la vuelta a todo Cerdeña, toda la zona de los Alpes Italianos, Suizos y Franceses, recorrer Bretaña y Normandía… vamos, que no me quejo. Pero hay ciertos viajes “obligatorios” para cualquier motero, y lo más curioso es que algunos de ellos no me llaman nada la atención.

Cabo NorteLos moteros europeos dicen que el viaje por excelencia es Cabo Norte. En esa obsesión del hombre por llegar siempre al extremo de los continentes, Cabo Norte se ha convertido en un destino habitual de las dos ruedas en busca del punto más septentrional del continente europeo. Personalmente… vale, no voy a negar que no me llame, pero es cierto que hay que pegarse una pechada de kilómetros por autopistas para llegar allí, lo que para mí le resta gracia. Soy de los que no toca autopistas si no son absolutamente necesarias, pero desde España al famoso cabo noruego hay unos 5.000 km y si intentas hacer lo mismo por carreteras secundarias… se pueden convertir en muchos más, y sobre todo muuuuucho más tiempo viajando. Vamos, que yo haría el viaje si tuviese tiempo (dos meses por ejemplo) y la pasta necesaria para ello. Pero ir por ir, sólo por llegar a ese punto, no me llama. Yaaaa, ya sé que los paisajes son espectaculares por allí arriba, pero… tengo otros paisajes igual de espectaculares más cerca.

Otro de esos destinos imprescindibles, sobre todo para nosotros por su cercanía, dicen que es Marruecos. Éste no es que no me llame, sino todo lo contrario porque por lo que he visto es precioso, pero tiene un problema y es que para disfrutarlo a fondo necesitas una moto bien preparada para carreteras y caminos de todo tipo, por lo que tendría que cambiar de moto y buscar una trail. Así que dudo que sea un destino próximo para mí, que el cambio de moto no entra en mis planes a menos de que toque la lotería esa a la que nunca juego.

Alpes - StelvioProbablemente sea por mi obsesión por las montañas, pero el tercer destino más anhelado por los moteros es probablemente mi favorito: los Alpes. Ahí sí he tenido la suerte de estar, y repetiría cada año sin dudarlo. Soy un enamorado de los montacos, y allí otra cosa no, pero montes hay, enormes todos, y con unas carreteras llenas de curvas que quitan el sentido. Me pasé 15 días como en un sueño, subiendo y bajando puertos, en un entorno precioso y con sonrisa de gilipollas en la cara todo el rato. De hecho este año toca recorrer la zona austriaca de los Alpes y ya estoy babeando sólo de pensarlo.

Cambiando de continente también hay viajes de ensueño como la Ruta66 que recorre Estados Unidos de lado a lado, aunque ésta también me genera ciertas reticencias, porque pese a que recorre lugares preciosos, está formada en su mayoría por laaaaaargas rectas, y eso en moto, me aburre. O la Panamericana, que atraviesa casi todos los países del hemisferio occidental del continente americano. Esa me llama más, aunque son unos 25.000 km. Casi nada.

Y para terminar, comentar que hay más viajes interesantes (me llama mucho por ejemplo atravesar Reino Unido desde el sur hasta Escocia, o zonas como Croacia o Polonia), pero muchas veces no hace falta irse tan lejos para disfrutar de un bien viaje en moto. Tengo un gran recuerdo por ejemplo del viaje que hicimos el año pasado siguiendo el Camino de Santiago desde Vitoria a Santiago de Compostela, terminando en Finisterre. Una ruta preciosa que recorre lugares que poco tienen que envidiar a muchos otros.

NOTA: Se me olvidaba comentar un detalle: como ya he dicho antes me suele costar bastante preparar los viajes, así que para andar tranquilo y que luego no me pille el toro por cargas de curro empiezo con tiempo. Pues bien, a estas alturas (en realidad desde la semana pasada, finales de Abril) ya tengo preparado todo el viaje que haré en Agosto a Austria. Con rutas, reservas de hoteles, tracks GPS, etc. Vamos, que como veis empiezo con tiempo, jeje…